Seamos sinceros
Claro que los he leído.
Hubo un tiempo en que no
me ayudaba otra cosa.
Él me enseñó cómo
hacerlo.
Cómo encarar al pelotón de fusilamiento.
Salir a superficie y respirar de nuevo.
Y le agradezco cada uno
de sus buenos consejos.
El consuelo de cada uno
de sus golpes.
Pero, no empecé por él.
Lo hice por una chica.
Ella sabía que lo hacía
y yo quería que ella lo
leyese.
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