lunes, 20 de noviembre de 2017


No te vayas aún a dormir

Las piernas de Dietrich lo pusieron de rodillas.

Huele a hierba mojada.
Siento el frío del agua resbalando por el pelo.
Veo el techo desmoronarse.

La nave espacial está vacía.
Eso que te está mirando no es tu esposa, Kelvin.
¡No lo olvides!

Ella acercándose.
Trae un paño y el barreño consigo.
¿Te has hecho daño?
Sientes sus manos acariciando,
frotando la herida,
y te encuentras mejor.

Una hoguera en las vías del tren.

La profesora de piano se ha apuñalado el pecho.
¡Qué alivio!
Dejarlo salir.

Esos niños de los que abusaron.
Ella no deja de gimotear y él empuja el carrito.
Atraviesan el cementerio.
Y la casa en ruinas donde tuvieron sexo.
Con las bombas cayendo y
los cuerpos pintados con sus nombres.
Desayunan flores a la mañana siguiente.

Me rompe el corazón.
El cazador se ha hecho viejo.

Ya la aplicaron sentencia.
Hundieron el émbolo.
Y aquel pájaro ciego no volvió a cantar.

Lo ocurrido en la piscina.
La pasada noche.
Cuando ellos entraron allí.
Para vengarse.
Y ella lo salvó.

Bostezas.
¿Te entra sueño?

Vamos…
Quédate conmigo un rato.
Vienen más y más.


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