No te vayas aún a
dormir
Las piernas de Dietrich
lo pusieron de rodillas.
Huele a hierba mojada.
Siento el frío del agua
resbalando por el pelo.
Veo el techo desmoronarse.
La nave espacial está vacía.
Eso que te está mirando no
es tu esposa, Kelvin.
¡No lo olvides!
Ella acercándose.
Trae un paño y el barreño consigo.
¿Te has hecho daño?
Sientes sus manos
acariciando,
frotando la herida,
y te encuentras mejor.
Una hoguera en las vías
del tren.
La profesora de piano se
ha apuñalado el pecho.
¡Qué alivio!
Dejarlo salir.
Esos niños de los que
abusaron.
Ella no deja de gimotear
y él empuja el carrito.
Atraviesan el cementerio.
Y la casa en ruinas donde
tuvieron sexo.
Con las bombas cayendo y
los cuerpos pintados con
sus nombres.
Desayunan flores a la
mañana siguiente.
Me rompe el corazón.
El cazador se ha hecho
viejo.
Ya la aplicaron
sentencia.
Hundieron el émbolo.
Y aquel pájaro ciego no
volvió a cantar.
Lo ocurrido en la
piscina.
La pasada noche.
Cuando ellos entraron
allí.
Para vengarse.
Y ella lo salvó.
Bostezas.
¿Te entra sueño?
Vamos…
Quédate conmigo un rato.
Vienen más y más.
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