Luto en el vecindario
Hace días que no lo veo
olisqueando los cubos de
basura.
Ese esqueleto de perro.
De pelaje marrón caído,
orejas grandes
y morro sucio.
Sus preciosos ojos de
vidrio.
Tan asustados.
Me pregunto dónde estará.
Puede que en un callejón
con el estómago hundido.
Desde allí, me llegan sus
quejidos.
O, a lo mejor, ha
encontrado
el lugar donde quedarse
por fin.
Eso espero.
De una forma u otra,
me consuela pensar que
todavía resiste.
Que sigue vivo.
¡Aguanta!, viejo amigo.
Aquí, hay uno que piensa
en ti esta noche.
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