lunes, 20 de noviembre de 2017


Luto en el vecindario

Hace días que no lo veo
olisqueando los cubos de basura.

Ese esqueleto de perro.
De pelaje marrón caído,
orejas grandes
y morro sucio.
Sus preciosos ojos de vidrio.
Tan asustados.

Me pregunto dónde estará.
Puede que en un callejón
con el estómago hundido.
Desde allí, me llegan sus quejidos.
O, a lo mejor, ha encontrado
el lugar donde quedarse por fin.
Eso espero.

De una forma u otra,
me consuela pensar que todavía resiste.
Que sigue vivo.

¡Aguanta!, viejo amigo.

Aquí, hay uno que piensa en ti esta noche.


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