Entre los bares
Entras al tercer o cuarto
bar de la noche.
El suelo pegajoso como
miel.
La música atronadora.
Y las almas saltando
alborotadas.
Te acercas a la barra.
Pides cerveza y chupitos
de whisky.
Dejas que el alcohol haga
su efecto.
Hace tus pies más
ligeros.
Te suelta la lengua.
Te lanza el cerebro
contra el techo.
De allí, a las paredes
y de vuelta al suelo.
Entonces, las ves a
ellas.
Riéndose y contoneándose.
Verlas esta noche es
mejor que cualquier discurso.
Esas criaturas mágicas.
Te entumecen los músculos
y estimulan tus sentidos.
Respiras y apuras tu
cerveza.
No esperas más.
Sales a campo
descubierto.
Fuera de trinchera.
Dispuesto a todo.
A que te envuelvan esta
noche con sus brazos
o a ser derribado en la
refriega.
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