Dejan de hacerlo
A Godard, lo mató la
militancia.
Antes era capaz de
esperar horas en la calle
sólo para ver cómo
encendían las farolas.
Se colaba en aquellos
apartamentos de París.
Y seguía a la chica del
“New York Herald Tribune”.
A Lynch dejaron de
interesarle
las hormigas,
las orejas y
las cortinas rojas.
Puede que tuviera miedo
de repetirse.
Puede que sólo pensase
que ya lo había hecho todo.
Que no quedaba nada.
Y Haneke…
Me acuerdo de cómo lo
hacía antes.
Antes de las buenas
intenciones.
De los galardones y academias.
Cuando lo hacía sin
concesiones.
Y de Polanski.
Asomándose al abismo.
De Cronenberg es mejor ni
hablar.
Y, hay veces, que pienso
que el único que queda es
Jarmusch.
Hoy, me acuerdo de todos
ellos.
Y les agradezco todo lo
que me hicieron sentir.
No hay reproches ni
tampoco un por qué.
Supongo que es el orden
natural de las cosas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario