Confesión
Yo lo he sentido también.
Y escuché a mis padres
hablar de ello tantas veces.
He visto lo que les ha
hecho.
Lo tenía atravesado.
Me quitaba la
respiración.
Me dejó unas cuantas
cicatrices para acordarme.
Lo peor era volver por la
noche destrozado
y saber que, al día
siguiente, tendría que enfrentarlo de nuevo.
No entendía que sólo era
miedo.
Antes de volver a tenerlo,
prefiero pudrirme en uno
de los bancos de ahí fuera.
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