lunes, 6 de noviembre de 2017


Confesión

Yo lo he sentido también.
Y escuché a mis padres hablar de ello tantas veces.
He visto lo que les ha hecho.

Lo tenía atravesado.
Me quitaba la respiración.
Me dejó unas cuantas cicatrices para acordarme.

Lo peor era volver por la noche destrozado
y saber que, al día siguiente, tendría que enfrentarlo de nuevo.
No entendía que sólo era miedo.

Antes de volver a tenerlo,
prefiero pudrirme en uno de los bancos de ahí fuera.


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