Camino de la
biblioteca
Voy por una de ellas.
Un chute en vena.
Algo que consiga hacerme sentir bien de nuevo.
Bajo el sol,
por la vereda de árboles,
de repente, aparece otra.
Todo ojos, boca, piel, muslos y piernas.
No la veo más que un
segundo.
El tiempo que tarda en
mirar hacia otro lado.
No necesito tenerla
bajo mis sábanas.
Me pregunto... ¿De qué
demonios está hecha?
El misterio del universo.
Salgo fuera.
Vuelvo a mirar hacia
adelante.
Me freno en seco.
¡Te has pasado la
biblioteca, gilipollas!
El colocón te ha durado
dos manzanas esta vez.
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