viernes, 10 de noviembre de 2017


A mí,
también me gustaría saberlo

Me lo contó entre risas en un descanso.
Que estuvo bebiendo con ellas
y que se lo comieron vivo.
Me contó lo que le echaron en cara.

Que no se lo tuvo en cuenta.
Que sólo estaban bromeando un rato.
Pero, que lo dejó un poco tocado.
No por lo que le dijeron; sino por lo que él no dijo.
No supo reaccionar.

No sabes cómo te entiendo, colega.
Ellas son expertas en hacerte sentir eso.

Y me acordé de la mía y
de otro de mis colegas.

Lo vi el jueves pasado.
También, me lo contó.
A la penumbra de un pub.
Bebiendo Paulaner y pelando frutos secos.
La última de ellas.
Una más para su colección.
¿Por qué sólo se me acercan enajenadas, coño?
¿Qué les atrae tanto de mí?
¿Qué cojones quieren?
Me gustaría saberlo.

Puede que sólo quieran un juguete.
Un entretenimiento.
Puede que, al final, lo único que las calme sea el dinero.
Puede que alguien sin autoestima de quien abusar.
O alguien que sepa más que ellas.
Uno que pueda ponerlas de rodillas y despreciarlas.
Que las haga llorar.

Y siguió diciéndome…
Joder, parece que están programadas para no ser felices.
Para no estar satisfechas con nada.

Yo sólo me reía.
No sabía qué contestarle.
Tampoco, yo las entiendo muy bien.


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